El problema de la enseñanza actual

El principal problema de las escuelas españolas, bajo mi punto de vista, es que se siguen gestionan como empresas, con unos calendarios rígidos que generan estrés a los niños, en las familias y en los docentes.

Para mi gusto uno de los factores influyen más importantes en el  proceso de aprendizaje es la motivación, y está muy ligada el nivel de satisfacción, puesto que las emociones son un factor determinante a la hora de que un niño conecte o desconecte, y esto se logra con cercanía y flexibilidad.

Además, existe otro problema, la falta de adaptación de las pedagogías a los medios digitales, ya no vale solo con papeles. Los niños están cambiando de forma muy veloz, es el cambio generacional más rápido nunca visto. Ese cambio de mentalidad está provocando que se aburran con facilidad en clase, y eso genera mayor frustración, descontento y por lo tanto desconexión. La incorporación de las nuevas tecnologías, nos permite tener a nuestra disposición infinidad de actividades, información visual, y juegos educativos, aprender jugando no es una pérdida de tiempo, es la única manera de aprendizaje real. 

otro aspecto fundamental, a tratar con urgencia es la necesaria revisión de los sistemas de evaluación. En Finlandia, por ejemplo, se han eliminado las pruebas estandarizadas y hasta que los alumnos no tienen 19 años no se enfrentan a estos exámenes.

Voy a poner un ejemplo muy fácil del problema de la evaluación actual. En el caso del inglés, para obtener un certificado de nivel, hay que someterse a  pruebas estandarizadas que se basan en algoritmos y que muchas veces fallan, no son sensibles con las competencias de los alumnos.

En estas pruebas, se sienta a los candidatos y  a ver qué pueden hacer, éste es el mayor problema al que nos enfrentamos, que no todo se basa en el número de palabras que dominas, sino en tu capacidad de generar un discurso, la capacidad que tienes para comunicarte, que es el verdadero fin que tiene el idioma. Se trata de enseñar a pensar, y como seres únicos que somos, cada pensamiento también lo es, por eso hay infinidad de respuestas, que en una prueba estandarizada se obvian.  Podemos cambiar inglés por cualquier asignatura, y tendremos el problema real de las pruebas de evaluación que se utilizan habitualmente. La metodología del centro debería enfocarse en torno al razonamiento.

En otras ocasiones vemos, que no sólo están lejos de las nuevas tecnologías, si no del día a día de los alumnos y alumnas, el profesor o profesora, muchas veces plantea preguntas muy lejanas a los alumnos/as, como qué haría el alumno/a si le tocara la lotería. Si preguntamos cosas artificiales, nos quedamos en un aprendizaje superficial. En cambio, si les planteas cuál es el juego que más te interesa y porqué, no estás forzando a construir un argumento. Ahí conectas con su emoción, sin forzar.

Hay que solucionar también el problema de las jornadas escolares, estáticas, demasiado monologuistas, aburridas… la clave está en las actividades que se propongan en el aula, que les interesen, que sean amplias para que cada uno tenga libertad de actuación, que permitan el movimiento… El profesor/a tiene que entender que lo que está haciendo es por el bien del alumno/a. Pero muchas veces los docentes no entienden de qué va esto de las actividades lúdicas y, en muchos casos, lo hacen porque les obligan, sin ganas, sin planificación, ni organización y no obtienen el resultado que deberían.

Deberíamos centrarnos en educar desde la cooperación, en vez de hacerlo desde la competitividad. Ya desde las investigaciones de Vygotski o Piaget, en siglo XX, sabemos que en grupo los niños/as tienen más probabilidades de superar una tarea compleja que en solitario. Trabajar en pequeños grupos de forma intensiva y estructurada es fundamental. Los profesores tienen que controlar muy bien los tiempos, planear. Pero muchos de ellos entran en clase, cierran la puerta y hablan.

El hacer grupos de trabajo no es una pérdida de tiempo, sólo se necesitan 10 minutos solo para organizarlos, merece la pena.

Escuchar a alguien hablar no sirve; hay que ponerlo en práctica. 

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